Uno de los principales cambios está relacionado con las conversaciones de carácter emocional. Según OpenAI, ChatGPT for Teens no puede sugerir que tiene sentimientos personales hacia el usuario, insinuar que es consciente o afirmar que experimenta emociones. También se bloquean las interacciones románticas o sexuales para reducir el riesgo de que un adolescente desarrolle una relación de dependencia con el chatbot.
Los controles parentales requieren el consentimiento tanto del adolescente como de su madre, padre o tutor legal. Una vez vinculadas las cuentas, los adultos pueden establecer “horas de silencio” durante las cuales el menor no podrá utilizar ChatGPT y recibir determinadas alertas de seguridad ante situaciones consideradas de alto riesgo.
OpenAI también incorporó medidas específicas para abordar los trastornos de la alimentación y otras situaciones que pueden requerir asistencia fuera de internet. La compañía aseguró que limitará la información compartida en esos contextos y prestará especial atención a las señales que puedan indicar que el adolescente necesita apoyo de un adulto o de profesionales.
La nueva versión mantiene además el enfoque de OpenAI sobre el aprendizaje interactivo. Allison Mishkin, responsable de desarrollo infantil de la compañía, explicó que la empresa busca que los estudiantes participen activamente en el proceso en lugar de recibir directamente las respuestas. OpenAI ya cuenta con una versión de ChatGPT destinada a docentes y apunta a ampliar las aplicaciones educativas de sus modelos.
El lanzamiento se produce mientras investigadores, familias y especialistas analizan los riesgos de una generación que crece utilizando inteligencia artificial de manera cotidiana. OpenAI sostiene que las protecciones deben funcionar incluso cuando no existen controles parentales activos, aunque el debate sobre cómo regular y supervisar el vínculo entre adolescentes y chatbots todavía continúa.