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Tormenta de Santa Rosa: el origen de la leyenda y qué dice el SMN

La creencia popular sitúa el fenómeno alrededor del 30 de agosto, pero los registros históricos del SMN demuestran que ocurrió solo en el 57% de los últimos 118 años. Cuál es la explicación científica detrás de la transición hacia la primavera.

Jueves, 27 de Agosto de 2026

Cada vez que concluye agosto, la tradición popular revive la expectativa por la llegada de la tormenta de Santa Rosa, un fenómeno comúnmente asociado a intensas precipitaciones, actividad eléctrica y fuertes ráfagas de viento alrededor del día 30. Sin embargo, desde la perspectiva científica no existe un evento meteorológico catalogado con ese nombre ni una fecha exacta en la que deba desatarse de manera indefectible.

Las estadísticas oficiales del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) sustentan esta distancia entre el mito y los datos duros. Al analizar las observaciones del Observatorio Central Buenos Aires a lo largo de 118 años —entre 1906 y 2023— en una ventana temporal que abarca del 25 de agosto al 4 de septiembre, se registraron tormentas en 67 oportunidades. Esto significa que el evento se produjo en el 57% de los años analizados, confirmando una recurrencia estadística importante por cuestiones estacionales, pero descartando cualquier tipo de infalibilidad en el calendario.

El origen de la denominación se remonta al siglo XVII en Lima, Perú, en torno a la figura de Isabel Flores de Oliva (Santa Rosa de Lima). La tradición religiosa sostiene que en 1615 una fuerte tempestad dispersó una flota de piratas holandeses que amenazaba con desembarcar en el puerto, hecho atribuido a las oraciones de la religiosa. Con el correr de los siglos, la fecha litúrgica —que en 1969 el Vaticano trasladó al 23 de agosto— quedó culturalmente fijada el día 30 en el Río de la Plata como el hito de la clásica tormenta.

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La explicación de los especialistas responde estrictamente a la transición atmosférica entre el invierno y la primavera. Hacia fines de agosto, el ingreso paulatino de aire cálido y húmedo comienza a chocar con masas de aire frío residuales en la región central y el noreste argentino, generando la inestabilidad y convección necesarias para el desarrollo de lluvias, sin que esto implique que revistan una severidad superior a la de otros temporales del año.

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